A PROPÓSITO DEL BICENTENARIO

Cómo afrontar el desafío que viene

La conmemoración de los dos primeros siglos de vida independiente ofrece una interesante oportunidad para una evaluación de lo que ha hecho y, sobre todo, de lo que puede hacer la Argentina de cara al futuro en materia de relaciones económicas internacionales y comercio exterior. En las páginas que siguen, y junto a una reseña de hitos y procesos que signaron estos 200 años, se incluyen las reflexiones de dos referentes indiscutidos, Félix Peña y Enrique Mantilla, que a su vez preparó especialmente para esta revista una serie de tres artículos históricos.

Cómo afrontar el desafío que viene

 

Hitos y procesos que signaron el rumbo de la Argentina en materia de relaciones económicas internacionales, comercio exterior, carga y logística.

1809

Mariano Moreno retrata lúcidamente la situación colonial en su Representación de los Hacendados y Labradores. En ese extenso escrito, justifica la conveniencia de instaurar el libre comercio y reclama a las autoridades los permisos necesarios para el ingreso de los comerciantes ingleses. El núcleo de la argumentación de quien sería el secretario de la Primera Junta surgida de la Revolución de Mayo pone el acento en uno de los puntos más conflictivos de la confrontación entre criollos y peninsulares, al denunciar los perjuicios que causaban al desarrollo local las maniobras y negocios de los mercaderes vinculados al sistema monopólico español.

1825

El Tratado de Amistad, Comercio y Libre Navegación con los ingleses sellaría el rumbo de las relaciones comerciales argentino-británicas por largo tiempo, particularmente por la inclusión de la cláusula de nación más favorecida. Si bien esta condición —no pagar mayores derechos o impuestos que los pagaban los nativos en cuyos dominios residieran— regía para ambos firmantes, resultaba más fructífera para Gran Bretaña que para la Argentina en razón de la diferencia del tamaño y potencia de las respectivas economías y se traería a colación en todas las ocasiones en que se plantearan controversias en el comercio entre ambas naciones.

1829

Durante la época de Rosas, Buenos Aires no modificará su defensa del libre comercio y el uso exclusivo de las rentas de aduana. Y fracasarán los planteos del correntino Pedro Ferré respecto de compartir esos recursos y proteger la producción local. El relativo equilibrio con las economías del Interior contenido en la ley de Aduana de 1835, que entre otras regulaciones prohíbe la libre navegación de los ríos al comercio extranjero para favorecer al cabotaje, no se sostendrá en el tiempo. Los bloqueos francés (1838) y anglofrancés (1845-1850) implicarán la suspensión del comercio exterior y fortalecerán medidas destinadas a atender las conveniencias de Buenos Aires y del tal modo postergar nuevamente los intereses del resto de las provincias.

1850

Hacia 1850, comienza en el país el auge del lanar. El incremento en las exportaciones de lana se vinculaba con los cambios en la industria textil europea, particularmente la inglesa. La necesidad de alimentar a una creciente población obrera impulsó el interés británico por el ovino productor de carne en detrimento del productor de lana. La cría de este último podía fomentarse en zonas lejanas, ya que el producto no se deterioraba por obra del largo viaje hasta llegar a las fábricas. Entre 1857 y 1865, la exportación de lana pasará de 7681 a 54907 toneladas. Hacia fines de la década de 1860, sin embargo, este ciclo de euforia llegará a su fin.

1857

Entre 1857 y 1880, se expande hacia el oeste, el norte, el litoral y el sur del país una red ferroviaria que servirá a los intereses económicos vinculados al comercio exportador, por lo que el punto de convergencia será, necesariamente, el puerto de Buenos Aires. Por iniciativa del Estado o de empresas particulares y bajo sus respectivos dominios, la velocidad de transporte y la reducción de los fletes impulsan el crecimiento de la red, que en 1880 desplazará más de tres millones pasajeros y alrededor de un millón de toneladas de carga. En 1907, los 22000 kilómetros de vías ferroviarias son, sin duda, uno de los símbolos indiscutidos del progreso argentino.

1866

Resuelto el conflicto entre Buenos Aires y la Confederación con la reforma de la Constitución en 1860 y la nacionalización de las rentas de Aduana en 1862, es menester contar con una legislación aplicable a todo el país. La propuesta de unas ordenanzas aduaneras, iniciativa de Cristóbal Aguirre, de larga y acredita trayectoria en la institución, cuaja en la ley 181, de 1866, que se reformará en 1876 y a partir de allí tendrá vigencia por algo más de un siglo. La norma pone el acento en la declaración previa de las mercaderías a comercializar como el más eficaz resguardo de las operaciones, estableciendo así el fundamento para la práctica aduanera moderna.

1873

Las crisis de 1866 y 1873 afectan las exportaciones argentinas, y reavivan la antigua polémica entre proteccionistas y librecambistas. Un programa de nacionalismo económico impulsado por Vicente F. López y Carlos Pellegrini, entre otros, propone, aunque no se concreta, apoyar y proteger el desarrollo de una industria textil local, para crear un mercado interno para las lanas. Por su parte, el Club Industrial, creado en 1875, alienta la demanda de medidas de protección y fomento para el sector. Producto de diferencias sobre el concepto de industria, un grupo disidente funda en 1878 el Centro Industrial Argentino, que albergará a industriales, ganaderos, agricultores y comerciantes.

1875

El congelamiento, primero, y el enfriado, después, reemplazan con enorme ventaja a la salazón como método para la conservación de la carne desde el último tercio del siglo XIX. La producción ganadera argentina se adapta a los nuevos tiempos con la refinación de los planteles vacunos y ovinos para responder a las demandas de calidad de la nueva industria y de los mercados consumidores europeos. En la industria frigorífica, convergen capitales nacionales, británicos y norteamericanos, que disputarán por cuotas de poder en el control del mercado de las carnes, uno de los productos que consolidará la posición argentina como proveedora de alimentos y productos primarios.

1880

Comienza el período de desarrollo y auge del modelo agroexportador, que se extenderá hasta 1930. La Argentina expande su economía sobre la base de su incorporación a la división internacional del trabajo como productora y exportadora de productos primarios, e importadora de manufacturas, inversiones y mano de obra europeas, sobre todo británicas. La articulación entre crecimiento y sistema de tenencia de la tierra —latifundio, arrendamientos que dificultan el acceso a la propiedad de la tierra, resistencia a los cambios tecnológicos— y desarrollo del mercado interno condicionarán la eficiencia del modelo frente a los vaivenes de la economía mundial.

1890

La colonización rural ligada a la inmigración europea del último tercio del siglo XIX, la campaña al desierto, que habilita miles de hectáreas para ganadería, la expansión ferroviaria, que facilita el transporte de la producción hasta el puerto de Buenos Aires, y los cambios hacia una cría selectiva promovida por el frigorífico son los factores que influyen en el despegue de la agricultura sobre el que se acuñará la imagen de la Argentina como “el granero del mundo”. Desde la década de 1890, los cultivos de trigo, maíz, lino y alfalfa convierten a las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires, con diferentes matices productivos, en el núcleo agrícola del país.

1909

El Ministerio de Obras Públicas propone en 1909 al gobierno nacional la construcción del Puerto Nuevo, partiendo del extremo norte del canal de acceso al costado de los terrenos ganados al río por el Ferrocarril al Pacífico, con la defensa de un canal exterior. Adjudicado el concurso de planos y precios a C. H. Walker y Cía. en 1911, la construcción atravesará diversas alternativas: entre ellas, la interrupción debida a los avatares de la guerra mundial y la anulación del contrato con la empresa, en 1926, por entenderse desmedidas sus exigencias por mayores costos. El servicio se irá habilitando parcialmente, y solamente en 1940 se alcanzará la finalización de las obras.

1929

La crisis económica mundial que estalla en 1929 tiene fuerte impacto en la Argentina por su dependencia del comercio exterior y el flujo de capitales. La baja de los precios de los productos primarios la perjudica en cuanto a los términos del intercambio y dificulta aún más la atención del servicio de la deuda externa y de la transferencia de utilidades y regalías de las empresas extranjeras establecidas en el país. El mercado de divisas se transforma en el indicador maestro del avance del desequilibrio económico que, por otra parte, se revela en una grave crisis social caracterizada por el hambre, la desocupación y la falta absoluta de confianza en la posibilidad de un futuro mejor.

1930

Entre 1930 y 1952, consecuencia de la crisis de 1929 y de la Segunda Guerra mundial, la Argentina vive un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, que desarrolla la manufactura de alimentos, bebidas, textiles, cuero, maderas, tabaco, entre otros productos. Ya la Primera guerra mundial había disparado una etapa de sustitución en los sectores de papel, textiles y químicos, cuya importación estaba suspendida, y a fines de la década de 1920 una fuerte inversión extranjera también había impulsado a la industria local. A diferencia de las dos primeras etapas, de los años ’30 en adelante, el Estado apoya a la producción nacional implementando medidas para su protección.

1933

Necesidades impuestas por la crisis llevan a la Argentina a firmar con Gran Bretaña el llamado Tratado Roca-Runciman, en 1933, más un protocolo adicional y un convenio suplementario. La primera se asegura la compra de carne enfriada por parte de la segunda, parte de la cual provendría de frigoríficos argentinos, y obtiene aranceles preferenciales para la importación de carbón y acero. Por su parte, Gran Bretaña renegocia las libras bloqueadas por el régimen de control de cambios, se garantiza la disponibilidad de divisas para las remesas de sus empresas y logra trato preferencial en materia cambiaria para sus transacciones con el país.

1933

La crisis promueve el intervencionismo del Estado en las actividades económicas con el objetivo de proteger los precios de las producciones locales, política que deriva en la creación de una serie de instituciones que concretan esa intervención en diversos mercados. Así, nacen la Junta Nacional de Carnes, las juntas reguladoras de Granos, de la Industria Lechera, de Vinos, del Algodón, y la Comisión Reguladora de la Producción y Comercio de la Yerba Mate. Dependientes del Ministerio de Agricultura, son organismos autárquicos integrados con funcionarios políticos y representantes de los sectores productivos vinculados con las actividades reguladas.

1946

Se crea el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, que reemplaza a la Corporación para la Promoción del Intercambio, de la década anterior. El IAPI actua en la órbita del Banco Central recientemente nacionalizado, cuyo presidente ejerce ad honorem la titularidad del nuevo organismo. Su función es la promoción del desarrollo del comercio exterior e interior, mediante el control de manera centralizada de la comercialización de las cosechas y la importación de insumos necesarios para el desenvolvimiento de la producción nacional. En su primera etapa, el IAPI provee con largueza los fondos que permiten la expansión del proceso de industrialización.

1948

La disponibilidad de divisas provenientes de la Segunda Guerra mundial es aprovechada en gran parte para adquirir servicios públicos, decisión que el gobierno exhibe como muestra de su intención de ejercer la soberanía económica. Así, se nacionalizan, entre otros, el servicio telefónico, los puertos y los ferrocarriles. En manos del Estado, estos últimos cumplirán una significativa función social, mediante el aumento de salarios, la rebaja de tarifas y la incorporación de personal. No obstante, pronto se convertirán en una empresa deficitaria, que sumará dificultades para importar insumos y realizar inversiones que permitan mantener y modernizar las prestaciones.

1960

Como resultado de la firma del llamado Tratado de Montevideo, se crea la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), integrada por la Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, con el propósito de propiciar un mayor intercambio entre sus miembros y marchar hacia el establecimiento de una zona de libre comercio. La ALALC no registrará grandes avances y será reemplazada, veinte años después, por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), creada en la capital uruguaya con el acuerdo de los mismos países y de Bolivia, y la adhesión posterior de Cuba.

1977

Se lanza la reforma financiera que será el corazón del proyecto liderado por el ministro José A. Martínez de Hoz, orientado a la apertura económica, con levantamiento de los controles cambiarios y sobre las tasas de interés, y rebaja de las tarifas aduaneras para alentar el ingreso de productos que servirían de freno a la suba de precios y de acicate para la “ineficiente” industria argentina. Como consecuencia, se dispara un alza de los costos financieros y de la inflación, que llevarán al ministro, en 1978, a profundizar la reforma con una devaluación gradual del tipo de cambio decreciente en el tiempo, mecanismo conocido con el pintoresco nombre de “la tablita”.

1991

Con la firma del Tratado de Asunción, nace el Mercado Común del Sur (Mercosur), integrado por la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que completa y profundiza el proceso de integración iniciado seis años antes por el presidente Raúl Alfonsín y su par brasileño José Sarney. La conformación del bloque —cuya estructura institucional quedará establecida en el Protocolo de Ouro Preto— apunta a la creación de una unión aduanera, el establecimiento de un arancel externo común, la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, y la coordinación de políticas macroeconómicas, pero esos objetivos se cumplirán sólo de manera parcial.

1992

Se sanciona la ley 24093, de Puertos, que modifica radicalmente el régimen vigente hasta entonces, bajo los principios de privatización, desmonopolización, desregulación y federalización. Con la excepción de Buenos Aires, que permanece bajo jurisdicción de la Administración General de Puertos, el resto de las terminales es transferido a las provincias y comienza un vigoroso crecimiento de la infraestructura privada. La ley es reglamentada al año siguiente, en que también concluye la trasferencia de los ferrocarriles de carga a operadores privados. El mecanismo contempla la concesión por 30 años, con opción a diez más, de seis subsistemas que responden a la conformación de los ramales preexistentes.

1996

Con la introducción de la semilla transgénica resistente al glifosato, se inicia el proceso conocido como boom de la soja, que no sólo impactará sobre la estructura de la producción primaria, sino que hará posible la extensión de la frontera agropecuaria a niveles inéditos y modificará el perfil de las exportaciones nacionales, en las que el complejo sojero tendrá una incidencia cada vez más importante. El fenómeno coincide con un ciclo de valorización de las materias primas, impulsado por diversos factores, entre ellos, la fuerte demanda proveniente de China. Doce años después, la imposición de fuertes retenciones a esas ventas externas desatará un prolongado conflicto entre el Gobierno y productores agrarios.


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