AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

El empleo en la región está “en terapia intensiva”

Según la OIT, el desempleo afecta a 30 millones de personas. La reactivación económica y las exportaciones no garantizan por sí solas una recuperación.

El empleo en la región está en terapia intensiva
El Panorama Laboral 2020 evalúa las relaciones entre trabajo y tecnología.

 

Por Redacción terminalC

Con 30 millones de personas desocupadas y 23 millones que habrán salido del mercado ante la falta de oportunidades, los países de América Latina y el Caribe llegarán a 2021 con el empleo en “terapia intensiva”, afirma el más reciente panorama elaborado por la oficina regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Su titular, Vinícius Pinheiro, aseguró que en los últimos diez meses la región retrocedió “al menos diez años” y que ahora afronta “la difícil, pero ineludible misión de sentar las bases para una nueva y mejor normalidad”.

De acuerdo con el Panorama Laboral 2020, la tasa de desocupación promedio de la región subió 2,5 puntos porcentuales hasta el cierre del tercer trimestre, de 8,1% a 10,6%, mientras la tasa de participación cayó 5,4 puntos, hasta 57,2%. En este sentido, plantea que una eventual recuperación conllevará el regreso de esas personas al mercado y presiones adicionales que podrían llevar la desocupación hasta 11,2% durante el año próximo. Al mismo tiempo, las moderadas expectativas de crecimiento y la incertidumbre en torno de la evolución de la pandemia tampoco auguran indicadores laborales favorables.

El informe refiere que, antes de la crisis, la participación y la ocupación eran sostenidas por la incorporación de las mujeres al mercado laboral, fenómeno que evidencia un claro retroceso en estos meses. De hecho, su participación se ha visto reducida en 10,4%, contra 7,4% en el caso de los hombres. La población de 15 a 24 años se ha visto también especialmente afectada. Mientras la tasa de participación cayó 5,5 puntos porcentuales, a 42,7%, la desocupación juvenil alcanzó un nivel récord de 23,2%. En tanto, la contracción del empleo fue especialmente importante en sectores como el servicio doméstico (-19,4%), la hotelería (-17,6%) y el comercio (-12,0%), y en menor medida en la industria (-8,9%). Por su parte, la menor caída se observó en la agricultura (-2,7%).

Pinheiro plantea que se trata indudablemente de la crisis laboral más fuerte desde que comenzó a editarse el panorama anual de la OIT en la región e instó a tomar nota de algunas “lecciones aprendidas”. La primera es que “no hay un dilema entre preservar la salud y la actividad económica”, dado que “sin salud no hay ni producción ni consumo”. Y la segunda, la necesidad de estrategias consensuadas entre los actores sociales para enfrentar la crisis, que se sobrepone con las condiciones preexistentes. “La región fue duramente golpeada por esta crisis, incluso más que otras en el mundo, y eso se debió en gran parte a problemas estructurales que existían y conocíamos. Por ejemplo, la persistente falta de espacio fiscal, las brechas de cobertura de la protección social, la elevada desigualdad social y la alta informalidad que pusieron en evidencia la precariedad de grandes sectores de nuestras sociedades”, afirma el funcionario.

 

Con el sector externo no alcanza

Sobre el papel del sector externo en el crecimiento económico y la generación de empleo, el estudio dista de ser concluyente. Tras recordar que, más allá de las notorias diferencias entre los países, las exportaciones de América Latina perdieron gran parte del dinamismo que habían tenido hasta 2007, apunta: “Aun suponiendo que la economía mundial se recuperara rápidamente de la fuerte recesión originada por el impacto de la emergencia sanitaria y la actividad retornara a la situación previa a la pandemia en 2021, no parece probable que se recree una situación en la que el crecimiento de las economías en desarrollo pueda apoyarse, como en los años previos al 2008, en la inserción en los flujos de comercio internacional”.

Tras referir que el escenario más probable contempla tasas de crecimiento global relativamente bajas, el informe añade que “el volumen del comercio internacional por sí mismo ya no sería el motor importante del crecimiento económico de la región y, simultáneamente, todavía no hay certeza aún en qué medida los mercados domésticos podrán compensar esta falta de dinamismo”.

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La crisis abre una oportunidad para cerrar brechas tecnológicas con las economías más avanzadas así como en el interior de los países de la región y entre diferentes estratos salariales, afirma la OIT.

     

En cualquier caso, y dado que un eventual crecimiento de las economías de la región seguirá siendo demandante de divisas, “es indispensable repensar cuál es el tipo de inserción internacional que asegure ingresos por exportaciones capaces de financiar el crecimiento económico evitando desequilibrios externos que, en muchas ocasiones, desembocan en procesos insostenibles de endeudamiento que terminan en severas crisis”.

Al respecto, la OIT propone evaluar “una estrategia que permita agregar valor y conocimiento a su oferta, sin dejar de considerar su situación de abundancia relativa de recursos naturales”. Esto supone, por ejemplo, la incorporación a nuevas cadenas mundiales de suministro, que podrían impulsar una mayor demanda de empleo de calidad, aunque admite que “el desafío no es sencillo”, dado el impacto disruptivo que la pandemia ha tenido en esas estructuras productivas.

Por eso, sostiene que, además de las exportaciones, un crecimiento económico sostenido e inclusivo requiere dinamizar las inversiones y el consumo privados, así como fortalecer la inversión pública que favorezca la generación de empleo y aliente desarrollos privados en áreas estratégicas para el crecimiento de largo plazo, como las relacionadas con la sostenibilidad ambiental.

Ya en el plano específicamente laboral, la OIT señala que, de cara a una aún incierta etapa pospandemia, el desafío pasa por “identificar las mejores estrategias de intervención para apuntalar y robustecer la recuperación económica con generación de empleo y la inserción de las personas que han perdido o visto fuertemente reducidas sus fuentes de ingresos laborales”. Señala también que los diversos esquemas de políticas activas de los países de la región podrían cumplir “el doble objetivo de brindar ingresos a las personas con mayores dificultades de ingreso a una ocupación, a la vez que contribuir a que éstos vayan logrando una inserción laboral de calidad”.

En relación con ese aspecto, refiere que algunos gobiernos han avanzado en la implementación de políticas destinadas a la creación de nuevos puestos de trabajo formales a través de un estímulo económico para la contratación de mano de obra por parte de las empresas privadas o para incentivar la vuelta de aquellos que habían sido suspendidos. La eficacia de esos instrumentos dependerá de la velocidad de la reactivación económica que genere efectivamente un aumento de la demanda de trabajo.

 

La “digitalización forzosa”

El informe aborda también el papel que ha desempeñado la tecnología bajo la pandemia. La “digitalización forzosa”, según la expresión de la investigadora Irene Bertschek, ha acelerado el uso masivo de tecnologías desarrolladas y disponibles —como sucede con internet, la computación y los teléfonos inteligentes—, que son las que mayor impacto han tenido en los mercados laborales, aunque también ha habido un cierto impulso hacia la robotización y el uso de la inteligencia artificial. En ese contexto, dice la OIT, la crisis abre una oportunidad para cerrar brechas tecnológicas con las economías más avanzadas así como en el interior de los países de la región y entre diferentes estratos salariales. Y debería contribuir, además, a la generación de trabajo decente, un objetivo estructural del organismo. En otros términos, la mayor especialización productiva de las empresas de los países de la región y la mejora de su posición en las cadenas de suministro no deberían ir de la mano de bajos costos laborales o el incumplimiento de las normas.

En ese terreno, el texto analiza las problemáticas asociadas a dos modalidades de fuerte protagonismo en estos meses: el trabajo “independiente” para empresas que administran plataformas digitales y el teletrabajo, en su definición más amplia.

Bajo el denominador común de la “gestión algorítmica”, las plataformas digitales plantean nuevos modelos de gestión de las organizaciones y del trabajo. Aunque asociadas a bajas barreras de entrada, flexibilidad horaria y libertad para decidir cuándo tomar tareas, “las preocupaciones en torno a la potencial precarización del trabajo son abundantes”, dice pudorosamente el estudio, que de todos modos hace referencia a las múltiples transgresiones que encarnan respecto de la jornada legal, la protección social o el derecho a la sindicalización, junto al encubrimiento de relaciones laborales bajo eufemismos como la presunta condición de “colaboradores” o “asociados” de sus trabajadores.

Ya antes de la irrupción del Covid-19, las tecnologías de la información y de la comunicación habían ampliado las posibilidades de trabajar fuera de los locales de la empresa”, dice la OIT, y añade: “El extenso uso de internet, el aumento en la velocidad de transmisión de datos, el acceso a computadores portátiles y teléfonos inteligentes cada vez más potentes y a la vez livianos, han abierto la posibilidad de trabajar desde el propio hogar, o desde cualquier lugar para una serie de ocupaciones”.

informe-oit   “La región fue duramente golpeada por esta crisis, incluso más que otras en el mundo, y eso se debió en gran parte a problemas estructurales que existían y conocíamos”, dice el informe.
     

Con la pandemia, el distanciamiento social y las cuarentenas obligatorias, la adopción del teletrabajo se aceleró, lo que requirió una gran flexibilidad por parte de empresas y trabajadores; pero sigue hablándose de “trabajo remoto excepcional y obligatorio, para diferenciarlo del teletrabajo tradicional”. En tanto, las estimaciones sobre la posibilidad de extender esas prácticas son todavía muy inciertas. De hecho, diversas metodologías arrojan resultados muy diferentes respecto del potencial del teletrabajo, medido en porcentaje sobre el conjunto de los puestos laborales. En el caso argentino, por ejemplo, las estimaciones van de 14% a 31%, según qué metodología se use. Además, esos promedios ocultan diferencias muy agudas. De acuerdo con estimaciones de la CEPAL, mencionadas por la OIT, cerca de la totalidad de las ocupaciones peor remuneradas no podrían teletrabajar, mientras la proporción llega a 30% para aquellas que ofrecen mejores salarios.

Luego de pasar revista a la legislación que regula estas prácticas en diversos países de la región —incluida la Argentina, aprobada en agosto pasado—, el estudio propone algunos puntos para la agenda de esa discusión: retomar el principio de voluntariedad y acuerdo entre las partes; contemplar tiempos y organización del trabajo, incluyendo el derecho a la desconexión, y aspectos relativos a equipamiento, capacitación, productividad y protección del derecho de privacidad de los trabajadores.

 

Publicado el 01-01-2021
Fotos: Fernando Zhiminaicela - Pixabay y Matilda Wormwood - Pexels.


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