IMPORTACIONES

El enigma de la barrera invisible

La no formalizada restricción al ingreso de productos con equivalentes en el mercado local generó inquietud en socios estratégicos de la Argentina. Y aunque la cuestión no pasó a mayores, puede verse resentida la confianza comercial.

El enigma de la barrera invisible

 

Por Aurelia Rego

La decisión de restringir la entrada de alimentos extranjeros que poseen equivalentes en el mercado local provocó reacciones y opiniones encontradas en los medios de comunicación y entre socios comerciales estratégicos de la Argentina, como China y Brasil. Aunque la medida no fue implementada formalmente, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner debió salir a calmar los ánimos en la cumbre de la Unión Europea en Madrid y en la reunión que mantuvo con el presidente Lula en Río de Janeiro. En ambos encuentros, garantizó que las relaciones comerciales “no se verían afectadas”. Sin embargo, semanas después de aquellas declaraciones, el anuncio original de poner límites a la entrada de algunos productos seguía apareciendo en la agenda mediática y preocupando a exportadores e importadores argentinos.

¿Por qué se mantienen las dudas y cuál fue la intención del gobierno con esta medida? Para el economista Roberto Bouzas, profesor de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet, “se trata de una decisión dirigida a generar incertidumbre entre los importadores y, probablemente, enviar una señal a los productores locales con otros propósitos que la política comercial, como ser negociar compromisos de precios o márgenes con grandes cadenas de comercialización minorista, que son también importadores”. En relación con la modalidad de la disposición, que consistió en otorgarle a la Secretaría encabezada por Guillermo Moreno la potestad de entregar certificados para ingresar productos al país, opina que la política comercial del Gobierno “tiene su foco puesto en el corto plazo y persigue objetivos para los cuales existen instrumentos más idóneos y eficientes”.

“El objetivo no era proteger a la industria nacional sino, sobre todo, estar prevenidos frente a la crisis europea que se avecinaba y seguir garantizando el superávit comercial”, sostiene por su parte Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA). El mensaje oficial se dirigió en primer lugar hacia los importadores de alimentos procesados y luego a los distribuidores. “A partir de entonces, se dijo que la Secretaría de Comercio sería la encargada de otorgar certificados de sanidad para ingresar alimentos a través de la aduana. Ése es un trámite en el que regularmente intervenía el Ministerio de Salud a través del Instituto Nacional de Alimentos (INAL), pero ahora también lo hace esa Secretaría, en virtud de la ley de abastecimiento”, aclara Santisteban.

En los días posteriores, las demoras en la emisión de certificados generaron problemas logísticos y comerciales. “Los importadores temían que esto provocara un corte en la cadena de suministro; entonces, decidieron suspender las compras a proveedores extranjeros”, explica el presidente de la CIRA. Fue en ese momento que el tema comenzó a tener mayor repercusión en los medios y en los países importadores alcanzados por la medida. Los empresarios extranjeros elevaron las críticas a sus respectivos gobiernos y el conflicto traspasó las fronteras nacionales.

“A partir de allí, la CIRA se reunió con la Secretaría de Comercio para pedirles que distinguieran entre alimentos prescindibles y los que no lo son. Por ejemplo, la restricción a la entrada de choclo genera problemas de abastecimiento, porque con la producción local sólo se abastece 50% del mercado. Así, comenzaron a hacerse evidentes los efectos colaterales negativos que traería esta medida, ya que no iría a proteger a la producción local sino que iba a provocar problemas en el mercado interno y desabastecimiento”, dice Santisteban.

La situación de incertidumbre tuvo un punto de inflexión durante la cumbre de la UE en Madrid, cuando la Presidenta aseguró que no se resentirían las relaciones comerciales. A partir de allí, con la entrega paulatina de los certificados, comenzó a normalizarse la situación, pero quedó al descubierto la poca claridad con la que fue manejada la disposición de limitar la entrada de productos. “Pueden ensayarse dos hipótesis: o los responsables tienen una visión muy primitiva de cómo se negocia y una grosera sobrestimación de los recursos de negociación de la Argentina o la coordinación entre distintas áreas de gobierno es prácticamente inexistente”, opina Bouzas.

Después de los dichos y las desmentidas del Gobierno, existen diversas conjeturas con respecto al futuro de las relaciones comerciales y al restablecimiento de la confianza entre la Argentina y sus socios. “Desde luego, habrá importadores que querrán volver a importar, otros que tendrán cierto resquemor y algunos que sufrirán las consecuencias de ver resentidas las relaciones con los proveedores externos al haber cortado la cadena de suministro”, dice Santisteban.

En cambio, Adriano De Fina, gerente de la Asociación de Importadores y Exportadores de la República Argentina (AIERA), cree que el episodio fue demasiado dramatizado por los medios y que, en realidad, la medida no va a repercutir en las relaciones con los socios. “Todos los países desarrollados toman medidas parecidas a éstas, que tienden a proteger a la industria nacional, y se ve como normal porque ellos son férreos defensores de sus industrias locales. Es acá donde se produce mucho ruido mediático”, señala.

Brasil fue uno de los países que manifestó “molestias” tras el anuncio de la aplicación de restricciones e incluso llegó a considerar la aplicación de medidas de “reciprocidad”. Al respecto, De Fina dice que se trató sólo de declaraciones de “funcionarios menores” y se muestra optimista en relación con el futuro de la relación comercial entre ambos países. “Los vínculos con Brasil no se verán para nada afectados por este tipo de anuncios o miedos, porque vemos que los intercambios crecen día a día. En los primeros cuatro meses de este año, las exportaciones crecieron casi 40 % y las importaciones desde Brasil lo hicieron en 57%. Frente a esos valores, no podemos hablar de crisis”, subraya el representante de AIERA.

Tras la reunión de la presidenta con su par brasileño en Río, donde se habló de “sostener y promover mayores intercambios comerciales”, Federico Moisés Trujillo, secretario de la Cámara de Comercio Argentino-Brasileña (Cambras), estima que la situación se irá normalizando, aunque mantiene cierta cautela con respecto al mantenimiento de la confianza de los socios. “Hasta ahora, lo único que había habido era una demora de embarques y mercadería varada en la frontera, pero luego del anuncio de la Presidenta ya no ocurre nada de eso. Lo que sí creemos es que este tipo de declaraciones generan cierta desconfianza que hace que las empresas se cuiden y piensen dos veces antes de arriesgarse a comprar mercadería que después no puedan ingresar al país en el tiempo comercial convenido”.

En línea con un comunicado difundido a fin de mayo por la CIRA, Trujillo propone utilizar del sistema de pago en moneda local para todas las operaciones de importación provenientes de Brasil, un pedido que hace tiempo les hizo el Gobierno a las Cámaras para que no se usaran dólares y, de esta manera, no se viera afectada la balanza comercial. “De todas maneras, tiene que haber un cambio de actitud, ya que la confianza entre las partes se puede resentir ante un cambio repentino en las reglas de juego”, señala.

Entretanto, representantes de la Cancillería se reunieron con sus pares de China para “analizar la problemática comercial que afecta a ambos países”, que ya se habían visto afectadas con la decisión de aquel país de interrumpir, a partir de marzo último, las importaciones de aceite de soja proveniente de la Argentina. Al respecto, De Fina expresa su confianza en una pronta solución del problema y apunta: “Este tipo de cosas forma parte de las relaciones entre los países; pero nosotros, como cámara, no vemos un problema grave ni una amenaza a los vínculos con los socios comerciales.”


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