PACKAGING DE EXPORTACIÓN

Para llegar a buen puerto y seducir

Además de garantizar la protección y conservación del producto, embalajes y envases deben considerar la singularidad del mercado de destino. Institutos públicos y privados ofrecen asesoramiento y capacitación a los exportadores.

Para llegar a buen puerto y seducir

Por Natalia Marazina

El champú, los lácteos, los electrodomésticos, los CD, el jabón para la ropa, los muebles, el dentífrico, los alimentos congelados, las golosinas, los perfumes... La lista es interminable. ¿Cuál es el común denominador de estos productos? Todos poseen envases que los contienen y protegen, le brindan la información necesaria al consumidor y lo seducen al momento de tomar la tan ponderada decisión de compra. Pero los envases no están solos a la hora de cumplir con sus múltiples objetivos: su eficiencia depende en gran medida de embalajes que aseguren un buen acondicionamiento, resguardo y manipuleo durante el transporte. He aquí la importancia de un buen packaging, es decir, el conjunto de envases y embalajes que hacen posible que las mercaderías lleguen a manos del consumidor en óptimas condiciones, facilitando su uso y almacenamiento.

Ahora bien, si los consumidores echan un vistazo a los productos mencionados, notarán que muy probablemente algunos de ellos sean importados. Por lo tanto, sus sistemas de envases y embalajes han sido lo suficientemente eficaces como para atraer a un comprador de otro país y a la vez proteger su contenido durante el traslado desde el lugar de origen. Esto implica que, a la hora de diseñar un packaging de exportación, el desafío será aún mayor, ya que habrá que tener en cuenta muchas otras variables que serán determinantes para que la operación sea exitosa.

Jorge Acevedo, gerente general del Instituto Argentino del Envase (IAE), cree que para empezar a pensar en un buen packaging de un producto que se va a exportar lo primero que debe hacerse es estudiar las costumbres del mercado de destino. “Es muy importante saber cuál es la idiosincrasia del lugar adonde se va a enviar, con qué colores y con qué formas se identifican determinadas cosas”, explica, y apunta que estos factores pueden tener que ver incluso con motivos religiosos.

Cristina Zapata, doctora en Ciencias Económicas y especialista en negocios internacionales, coincide en que se debe prestar especial atención a este tipo de aspectos relacionados con la cultura de cada país y agrega que además será preciso conocer las leyes y normativas de los mercados de destino que regulen las medidas de los envases, la información a incluir, los materiales con los que se deben fabricar o las formas que deben tener. Además, subraya la importancia del factor económico, que implica procurar el menor costo total en las actividades de diseño y utilización de envases.

“El packaging debe estar orientado a satisfacer al consumidor final, que demanda un producto de calidad, confiable y de fácil uso”, afirma la especialista, quien cree que es de suma importancia realizar un análisis interdisciplinario para lograr una “armónica compatibilidad y convivencia entre envase y contenido”.

Una vez que las cuestiones relacionadas con la cultura y legislación del mercado de destino están resueltas, es preciso focalizar el análisis en los factores necesarios para que un sistema de packaging logre que los productos lleguen en buenas condiciones a su destino final. En este punto, según Zapata, será fundamental la construcción de un prototipo que deberá ser sometido a pruebas que simulen las potenciales condiciones a las que estaría sometido en los distintos lugares del trayecto internacional.

Para realizar este tipo de ensayos en el país, los exportadores cuentan desde 1991 con el apoyo del Centro de Investigación y Desarrollo especializado en Envases y Embalajes que funciona en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), donde es posible testear un determinado packaging en un laboratorio de simulación teniendo en cuenta el tiempo y el tipo de transporte al que será sometido y además pedir asistencia técnica, solicitar el desarrollo de un nuevo envase u embalaje o recibir capacitación.

Sergio Heredia, coordinador de la unidad técnica de Embalajes, Mercancías Peligrosas y Logística de este centro, explicó a terminalC que allí se puede consultar “desde qué tipo de envase es ideal para que la mercadería llegue bien hasta cuestiones relacionadas con cómo acomodar la carga dentro de un contenedor o arriba de un camión”.

El centro nació a partir de una iniciativa del gobierno japonés, luego de que los importadores de ese país detectaran que una de las mayores dificultades de los exportadores argentinos era el desarrollo de un buen packaging. En aquel momento, vinieron especialistas japoneses a capacitar a técnicos argentinos y algunos de éstos viajaron a Japón. Además, se dotó al INTI de todo el equipamiento necesario para hacer los ensayos.

En 2003, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) llevó a cabo un estudio junto al INTI y a organismos similares del resto de los miembros del Mercosur para promover el desarrollo de envases y embalajes adecuados para la distribución física de mercaderías dentro de la región, teniendo en cuenta las particularidades de las rutas y caminos que conectan a los cuatro países.

Según Heredia, hoy concurren al centro desde empresas chicas hasta multinacionales de los más variados rubros. “El tema envases y embalajes es algo transversal a la industria. Pueden plantear que llegó puré de manzana en vez de manzanas o que llegaron heladeras rotas”, asegura, y señala que para el packaging de exportación hay que tomar más recaudos porque “si se exporta algo y llega todo roto, se puede perder el mercado y el cliente, aparte de la pérdida económica”.

En el laboratorio de simulación de almacenamiento, manipuleo y transporte, los especialistas cuentan con cámaras climáticas que controlan temperatura y humedad, así como equipos de compresión, vibración, caídas e impactos horizontales. “En las mesas de vibración es posible colocar una carga palletizada completa y simular un viaje en camión, tren, barco o avión. Hemos probado desde cajas de botellas de vinos para ver si se rayaban las etiquetas hasta cajas para exportar fruta, carne, heladeras, calefactores, copas de cristal u ollas”, refiere Heredia.

A partir de los ensayos realizados, el INTI emite informes técnicos que muchas empresas deben presentar a sus compradores, ya que estos exigen que los envases y embalajes superen una cantidad determinada de procedimientos antes de aprobar el envío de la mercadería.

El costo de estos servicios depende del tipo de ensayo que se haga y el de la asistencia técnica estará relacionado con las horas hombre que ésta implique. En el centro, trabajan 18 personas de los sectores más diversos: un ingeniero aeronáutico, un diseñador industrial, un licenciado en Gestión Ambiental, licenciados en Transporte y Logística y una ingeniera química, entre otros. Cada uno aporta sus conocimientos específicos a la solución de los problemas que plantean las empresas.

Por su parte, el IAE también ofrece la opción de realizar ensayos sobre distintos materiales, pero en laboratorios de Estados Unidos, mediante un convenio que el instituto tiene con la firma DuPont. “Se analizan cuestiones como la permeabilidad y la migración de determinados productos; por ejemplo, los adhesivos que se utilizan en un envase en el caso que contengan alimentos”, detalla Acevedo, quien asegura que los resultados pueden estar listos en 20 días y que el costo de estos estudios no es elevado para los socios del IAE.

La relación entre la industria del packaging y cuestiones medioambientales es sensible. En Argentina, según el IAE, los materiales constitutivos que lideran la producción de envases y embalajes son reciclables (vidrio y papel/cartón, con 26% cada uno). Los siguen el plástico (23%), la madera (20%) y más lejos, el metal (5%).

Según Acevedo, hay muy pocos materiales biodegradables desarrollados en el mundo que puedan proteger en condiciones adecuadas un producto y a veces los procesos para fabricar productos biodegradables “son más nocivos para el medio ambiente que el envase mismo”.

“Preferiría no nombrar el término biodegradabilidad. Sí el reciclado, que es una opción muy adecuada para poder recuperar materia prima y reutilizarla en otras aplicaciones, como se está haciendo con muy buenos resultados con el PET (Polietileno Tereftalato), que se usa para hacer fibras, vestidos, prendas y alfombras. Todo eso proviene de botellas de gaseosas y hoy se está exportando a China”, argumenta.

Sin embargo, en la Argentina, el reciclado de residuos se ve dificultado por la falta de sistemas de clasificación de basura. Al respecto, Acevedo afirmó que ése es un tema pendiente que le corresponde al Estado: “Todos apuntamos a querer hacer las cosas, pero va a ser muy difícil si no hay un sistema de recolección diferenciada que permita realmente tener una disposición final adecuada de los residuos”.

Cristina Zapata coincide en que la intervención del Estado es fundamental en este punto y cree que, “si bien la eco-sustentabilidad es una asignatura que en algunos casos está pendiente, el grueso de la industria está realizando un esfuerzo cierto en ese sentido”.

Un caso particular es el de los llamados envases “inteligentes” o “activos”, que son aquellos que constan de dispositivos que permiten, por ejemplo, calentar o enfriar su contenido. En la Argentina, no tienen desarrollo, pero son bastante populares en Estados Unidos o en Europa. Acevedo no cree que sean “tan” inteligentes y advierte que su fabricación implica un desperdicio de recursos, ya que se utilizan una mayor cantidad de material y elementos químicos que luego se arrojarán al medio ambiente.

“Para calentar un producto, se produce una reacción química y para enfriarlo también, ya sea por gas o por alguna mezcla de componentes que hacen que el agua que contiene ese recipiente se caliente. Acá ya hubo una experiencia con un café italiano, hace unos siete años, que se presionaba en la base y se calentaba sólo; pero después se dejó de usar porque el costo era altísimo y no era sustentable”, recuerda.

Siguiendo la lógica de este razonamiento, el ejecutivo reconoció que este tipo de envases pueden llegar a ser útiles en situaciones muy particulares, como en una guerra, donde los soldados necesiten abastecerse de bebidas calientes. “Sin embargo, si estoy en una oficina y puedo calentar mi café porque tengo elementos para hacerlo, no tiene mucho sentido derrochar eso en algo que no es necesario”, opina.

Otro tipo de envases inteligentes, que sin dudas reportan más beneficios para los consumidores, son aquellos que permiten detectar mediante una etiqueta que cambia de color si un alimento ha sufrido una contaminación por alguna bacteria o si se ha roto la cadena de frío. Según Acevedo, en la Argentina, si bien estos dispositivos existen, no se usan demasiado, “a menos que los compradores del país de destino lo exijan, porque todavía no hay una ley que promueva o instaure ese tipo de etiquetas”.

Tanto Acevedo como Zapata opinan que el packaging argentino para exportación tiene un muy buen nivel. “Quienes están exportando conocen bien cuáles son las condiciones y hay desarrollos”, afirma el gerente del IAE, quien agrega que quizás no se invierta en “cosas sofisticadas”, pero sí en cuanto a calidad de materiales y preservación de los productos.

Zapata cree que los empresarios argentinos “no sólo están conscientes de la importancia del packaging para exportación, sino que cuentan con acceso a proveedores locales de envases con calidad internacionalmente reconocida, que cumplen con los más rigurosos estándares”. Al respecto, destaca los logros de la industria agroalimentaria, farmacéutica y cosmética.

A propósito de la industria del packaging, Acevedo sostiene que el mercado es bastante atípico, porque los envases y embalajes están en todos los ámbitos, y por eso, si bien lógicamente sufren los avatares de las políticas económicas y las crisis, “cuando un sector anda mal hay otro que está un poco mejor; entonces, se va compensando y la industria del packaging siempre sabe mantenerse bastante bien posicionada”.

En cuanto a las perspectivas hacia el futuro, Zapata considera que los próximos desafíos están relacionados con las decisiones relativas a la disposición de los residuos y, en forma complementaria, al desarrollo de nuevos insumos que optimicen el tamaño de los envases y su impacto en el medio ambiente.

Acevedo, por su parte, apunta que hoy “todo apunta a la comodidad de los consumidores” y que eso implica fabricar envases más pequeños, que representen porciones individuales, debido a que cada vez hay más personas que viven solas. Paralelamente, afirma que la tendencia de la industria se inclina hacia el uso de menos material para lograr envases con las mismas ventajas de preservación, no sólo en el caso del plástico sino también en el del vidrio, la hojalata y el papel.

 

DÓNDE CAPACITARSE. Tanto el IAE como el INTI cuentan con distintas alternativas de capacitación relacionadas con el packaging, que exhiben una creciente demanda. El Instituto ofrece un curso de técnico en envases, de duración anual —que también puede tomarse en la modalidad a distancia—, donde los alumnos estudian los diferentes materiales, aspectos de diseño, codificación, logística y un apartado relacionado con los envases para el comercio internacional.

Por su parte, el INTI dispone de varios cursos teórico-prácticos sobre diversos aspectos, como diseño de packaging para exportación, envases y embalajes para el transporte de mercancías peligrosas y tecnología de envasado de alimentos, entre otros. Se dictan en la sede del INTI de la avenida General Paz, en el interior del país e incluso directamente en las empresas que los solicitan.

 

DÓNDE INFORMARSE

 Instituto Argentino del Envase – www.packaging.com.ar
Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) / Centro de Envases y Embalajes – www.inti.gob.ar/envasesyembalajes
Unión Latinoamericana del Embalaje (ULADE) – www.ulade.com
World Packaging Organisation (WPO) – www.worldpackaging.org


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